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El Molino de la Huerta de Angulo

El Molino de la Huerta de Angulo es uno de los molinos del Tajuña que, durante siglos, suministraron de harina a los pueblos de Las Vegas. El actual edificio data de principios del siglo XVIII, aunque se intuye la existencia de una edificación anterior que podría datar de dos siglos antes.

Con dos cuerpos superpuestos, el central contiene el mecanismo de molturación. Las dos alturas culminan en una cubierta de teja cerámica a cuatro aguas.

El edificio tuvo distintos propietarios y arrendatarios, siendo conocido a lo largo del tiempo como Molino de Abajo o Molino de la Huerta de la Vega, cuando pertenecería a la casa de Altamira, poseedora del señorío de Morata y propietaria también del batán de paños de la isla Taray.

El molino de la Huerta de Angulo era conocido a principios del siglo XVIII como de la Huerta de la Vega, y era propiedad de la Capellanía fundada por Pedro Sánchez Carretero. Se arrendaba anualmente y tenía tres piedras y demás útiles de molienda. La maquila se cobraba tanto en dinero como en especie.

En 1888, fue adquirido y reformado por Diego María Jarava, mejorando sus prestaciones y relegando al abandono a otro artefacto del municipio, el Molino Hundido. La reforma la acometió el famoso arquitecto José Urioste –uno de los más famosos del siglo XIX-, que ya había realizado en Morata la casa solariega de los Mac Crohon Jarava.

Pero fue a comienzos del siglo XX cuando la familia Mac Crohon amplió sus instalaciones con una turbina para la generación de energía eléctrica, que dio origen a la chimenea que ahora preside el edificio.

En 1998 fue adquirido por el Ayuntamiento para convertirlo en museo, ya que cuenta con toda su maquinaria, que todavía funciona –estuvo produciendo hasta 1984.

El molino se abastece de agua por un caz que crea una represa en el río con un salto de unos 2.5 metros. Llegando al molino el caz se divide en dos corrientes, una que pasa por los ojos del molino y otra que salta una pequeña presa para luego unirse de nuevo a la otra a menos de cien metros.

El caz continúa su camino formando casi un arco y uniéndose al río después de haber recorrido casi un kilómetro. De este modo se delimita una isla de forma oblonga que se conoce hoy como Huerta de Angulo (en el siglo XIX era la Huerta de Sánchez) o rincón del Molino. El terreno de la isla se cultiva en su totalidad, teniendo una parte de frutales y otra de vegetación de ribera.

Si queréis saber más de este ingenio hidráulico, abrimos el museo todos los domingos y festivos de 2017 ¡Os esperamos!

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